En Alejo Ledesma, hay un lugar que guarda más que paredes, camisetas y pelotas. Es un rincón donde late la memoria de un pueblo, el orgullo de generaciones y la fuerza del trabajo colectivo. Se llama Club Atlético Los Andes, pero para muchos es, simplemente, “Los Andes”.
Allá por fines de 2013, el club estaba cerrado, herido por el abandono: la cancha, el tejido olímpico, las canchas de pádel comidas por el pasto, el salón grande en silencio. “Un día nos miramos y dijimos ‘el club no puede morir’. Era un sentimiento que nos quemaba por dentro”, recuerda Adrián Malpassi, presidente del club y socio desde los ocho años, cuando su padre lo llevó por primera vez.
No fue fácil. “Ver la cancha vacía, sin los pibes corriendo, sin el grito de gol… eso no era Los Andes”, confiesa. Así, un grupo de vecinos empezó a reunirse después de las 8 de la noche, cuando salían del trabajo, y los fines de semana, para limpiar, arreglar, soldar, pedir prestado y levantar de a poco lo que parecía imposible. Lo primero que rescataron fue la canchita de fútbol 5, que les permitió juntar los primeros pesos para seguir.
“Sabíamos que el camino sería durísimo, que había que empezar de cero en muchos aspectos, pero la fuerza de la gente de Alejo Ledesma es inmensa”, cuenta Adrián. Y así, ladrillo a ladrillo, el club fue recuperando la vida: se reabrieron las canchas de pádel, el salón volvió a llenarse de reuniones y festejos, y la pasión por Los Andes volvió a escucharse en cada esquina del pueblo.
El regreso a la liga local no fue solo un logro deportivo, sino un acto de resistencia cultural y social. “Este regreso a la Liga, con Primera y Cuarta, es la cristalización de un sueño colectivo. Cada socio, cada hincha que puso su granito de arena, es parte de esto”, afirma. El clásico contra Sarmiento, después de tantos años, llenó la cancha con más de 1.500 personas, muchas de ellas jóvenes que nunca habían visto un clásico. Fue más que un partido: fue la confirmación de que Los Andes había vuelto.
Pero el club no es solo fútbol. Hoy ofrecen copa de leche (merienda) después de las prácticas, alquiler de salones, canchas de fútbol 5 y pádel, servicio de catering, e incluso una balanza pública que funciona desde hace cuatro años. Todo pensado para sostener lo más importante: un espacio donde los chicos estén contenidos, aprendan y crezcan.









“Los Andes es más que un club, es un pedazo de nuestra historia, de nuestra identidad. Queremos que vuelva a ser un faro para nuestros jóvenes”, dice Adrián. Ahora sueñan con ampliar el predio, construir una mutual para ofrecer más servicios al socio y seguir generando ingresos que permitan acelerar mejoras. Paso a paso, con la misma paciencia y esfuerzo que los trajo hasta acá.
“Hoy, cada partido es una fiesta, un agradecimiento. Estamos construyendo, paso a paso, el futuro que este club se merece”, resume Adrián.
Y así, en cada grito de gol, en cada tablón reparado, en cada merienda compartida, Los Andes demuestra que no solo volvió a abrir sus puertas: volvió a latir, más fuerte que nunca.
Audio nota del programa LaLiga Deportiva

