En los últimos días personal municipal realizó el corte de al menos media docena de fresnos en la zona de Avenida Rivadavia, entre Corrientes y Moreno, en el sector cercano al ferrocarril.
Según fuentes municipales, la decisión se habría tomado luego de los daños que sufrieron algunos árboles tras la última tormenta. Sin embargo, la medida generó preocupación entre vecinos, principalmente por la forma en que se realizó el corte y por la imagen que deja en un sector muy transitado, incluso por estudiantes de colegios cercanos.
En el lugar pueden observarse varios troncos cortados a nivel del suelo, lo que evidencia que no se trató de un caso aislado sino de una intervención general en toda la línea de árboles.
El hecho contrasta con los reiterados pedidos de vecinos que desde hace tiempo vienen reclamando la extracción de viejos plátanos que, según afirman, provocan daños en veredas, cimientos de viviendas, pozos ciegos y estructuras domiciliarias, sin que hasta el momento se haya dado una solución.
Ante esta situación, vuelve a plantearse la necesidad de que el municipio cuente con un plan de arbolado urbano serio y permanente, respaldado por una ordenanza y por un equipo técnico especializado, teniendo en cuenta la importancia ambiental que tiene el arbolado en una región como la nuestra.
Árboles o nada
Concientizar a la población sobre el valor del arbolado urbano ya no es una opción: es una necesidad. Los árboles no están de adorno. Son los que nos dan sombra en verano, bajan la temperatura del ambiente, mejoran el aire que respiramos y aportan calidad de vida a toda la comunidad.
Sin embargo, en Arias seguimos viendo lo mismo de siempre: cualquier problema se soluciona con una motosierra. Si un árbol molesta un cable, se corta. Si una rama crece más de lo esperado, se mutila. Y todo ocurre sin un plan, sin una norma clara y sin una política seria de arbolado urbano.
Por eso es urgente actualizar la ordenanza vigente, que hoy no regula ni planifica la convivencia entre los árboles y los servicios públicos. Durante años se plantaron ejemplares en el medio de la vereda, lo que hoy genera conflictos permanentes con el cableado eléctrico, el servicio de internet y otras instalaciones. El resultado es evidente: árboles mal ubicados que terminan siendo mutilados una y otra vez.
Tal vez, también la obligatoriedad de plantar tantos arboles por metros de frente y que, aquellos edificios públicos y privados que suelen ser renovadas sus fachadas, deben contribuir con la plantación de un arbolito -en caso de no haber- y no tapar las veredas con cemento sin dejar la “cazuela para arbolado urbano” y, de no hacerse, sanciones ejemplificadoras al frentista.
Lo que se necesita no es cortar más árboles, sino una ordenanza moderna que establezca claramente dónde deben plantarse los nuevos ejemplares, qué especies son adecuadas para el arbolado urbano y cuáles son las responsabilidades tanto del municipio como de los vecinos.
Cada habitante del pueblo debería tener claro que el árbol que está frente a su casa no es “de nadie”: es de todos. Cumple una función ambiental que va mucho más allá de una vereda o de un frente particular.
También es necesario que las empresas de servicios entiendan que el espacio público no puede seguir manejándose como hasta ahora. No puede ser que se planten especies inadecuadas o que los cables terminen definiendo si ese o aquel arbol puede seguir viviendo. Es más fácil mover una palmera o cable que reemplazar un árbol que tardó años en crecer.
Arias necesita una política seria de arbolado urbano. No decisiones aisladas. No soluciones rápidas. No más motosierras como única respuesta. Porque si no entendemos el valor de los árboles hoy, mañana va a ser tarde.
Árboles o nada.

