Ni el brillo de las comparsas ni la magnitud del corsódromo lograron revertir una postal que se repitió durante las noches del Carnaval de Arias 2026: tribunas raleadas y una concurrencia menor a la esperada para uno de los eventos más tradicionales del sur cordobés.
Si bien la propuesta contó con la presencia de la numerosa comparsa local, más la invitada, «Marí Marí» de Gualeguaychú, y espectáculos musicales como Fer Palacio y La Konga, no se pudo notar en el despliegue habitual del carnaval del centro del país, la presencia del público de otros años.
Sobre todo en lo que fue la primera noche, el amplio predio, con capacidad para miles de personas, evidenció claros entre el público, especialmente en los sectores de plateas y generales. Este hecho hizo que los bailarines en soledad, buscaran con la mirada, el afecto y apoyo de amigos y familiares que se encontraban detrás de la tribuna, mirando y aplaudiendo desde el campus.
Las entradas tenían valores que iban desde los $10.000 en general anticipada y $15.000 en puerta; $20.000 y $25.000 para platea; y $30.000 anticipada y $35.000 en puerta para el sector VIP.
En las calles y entre los propios y vecinos, el balance fue inmediato: La fecha, los costos de las entradas, la situación económica que atraviesa la Argentina hoy y la competencia con otros eventos regionales con propuestas gratuitas, aparecen como algunas de las razones que explicarían la baja asistencia. “El carnaval sigue siendo lindo, pero venir en familia se hace difícil”, fue una frase repetida entre quienes sí se acercaron al corsódromo.
El contraste fue notorio entre la expectativa generada y la realidad vivida durante las noches de desfile. Mientras en la pasarela el ritmo y el color no se detuvieron, en las gradas el clima fue más apagado de lo habitual, lejos de las ediciones en las que el carnaval desbordaba público y movimiento comercial en la localidad.
El Carnaval de Arias cerró así su edición 2026 con una sensación extraña: una fiesta que mantiene su identidad y su valor cultural, pero que deja abierto el debate sobre costos, formatos y estrategias para volver a convocar masivamente a vecinos y visitantes en los próximos años.

