100 años de la radio y los radialistas locales

Sociedad 26 de agosto de 2020 Por Juanjo Stadelmann
La radio cumple 100 años y lo recordamos como uno de los sucesos tecnológicos más importante de la comunicación social. ¿Quiénes fueron los primeros artífices de aquella proeza en Arias?
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Para poner a nuestra localidad como pionera hay que remitirse a los años 60 y 70 con Alcides Flores, con su propaladora. Eran varias bocinas colocadas en los techos de viviendas de la zona del centro de Arias. Allí con Publicidad Ariense se podía conocer noticias como la "conexión con "Radio Rivadavia" y el Rotarivo del Aire, como las necrológicas locales y hasta tenían su espacio artistas locales que podían actuar en vivo para los escuchas.

La segunda experiencia que naturalmente fue más reciente y ya en democracia ha sido Radio Futuro Arias, una emisora que emitía desde la planta alta de Av. Sarmiento y Tucumán. Allí arrancó esa emisora que poco a poco copó las viviendas del pueblo con los "monitores", unos receptores con una forma de radio a pilas que llegaba  la señal por un cableado en todo el pueblo y por el que se pagaba un abono.

Después, ya a mediados de los 90 llegaron las fms. para dar lugar a la novedad tecnológica. Sin embargo, en el medio de las dos experiencias anteriores, tenemos que darle lugar a la querida AM, que era la radio que transmitía desde Buenos Aires, Rosario de donde llegaban las señales, pero también la querida LT29 radio Venado Tuerto, fundada por Hilmar Long, con la frecuencia 1460.

Hoy, en Radio Nota, un homenaje

Desde la emisora estaremos hablando de los iniciadores, anécdotas y notas con los que tuvieron que ver y fueron testigos de cómo eran aquellos momentos en el que la radio ha sido protagonista de nuestras vidas. Prendete de la 89.9 de 9 a 12 hs.

Historia de la radio, a 100 años

Agencia Télam. Quienes conocieron a Enrique Telémaco Susini, fallecido en 1970, dicen recordar su físico voluminoso y su expresión de ímpetu, como si siempre estuviera esperando algo con optimismo; de hecho fue médico a los 22 años, periodista, melómano y varias otras cosas, aunque ninguna tan importante como haber realizado hace un siglo -el 27 de agosto de 1920- la primera transmisión de radio recreativa en la Argentina.

Con la ayuda de su sobrino Miguel Mugica y sus amigos César Guerrico y Luis Romero Carranza, formó un grupo que terminó por ser bautizado como "Los Locos de la Azotea", con el que concretó la hazaña con la tecnología de la época y no pocas dotes de acrobacia para instalar una antena horizontal, como las de los radioaficionados, en la terraza del teatro Coliseo porteño, que conectaba con un primitivo aparato de transmisión y llegaba a través de un cable a un micrófono disimulado en la sala.

La historia es muy conocida y agrega otro galardón de "pionero" a un país que gusta de vanagloriarse de inventos como el colectivo, el dulce de leche y el bolígrafo, aunque aquel teatro Coliseo de Marcelo T. de Alvear 1125, frente a la Plaza Libertad, no era el mismo de la actualidad, cuyo edificio data de 1971 e incluye el consulado de Italia y el Instituto Italiano de Cultura, sino que fue fundado durante el siglo XIX, modificado varias veces y finalmente demolido en 1938.

La aventura de aquellos "Locos", que transmitieron la ópera "Parsifal" de Richard Wagner -hay un registro grabado con la voz de Susini previo a la función que se puede oír en algunas recopilaciones- no solo deleitó a un puñado de poseedores de receptores "a galena", que obligaban al escucha al uso de auriculares, sino que inició el fin del silencio en la vida cotidiana de los porteños y luego de los argentinos en su totalidad.

En esos tiempos en Buenos Aires se editaban los diarios La Prensa, La Vanguardia, Crítica, La Nación, El Cronista, Comercial, además del decano La Capital (Rosario), La Gaceta (Tucumán) y El Diario (Paraná), que eran la única forma cotidiana de información masiva.

Antes de la aparición de la TV, de la que también Susini participó, y hasta fines de la década de 1950, escuchar la radio fue una de las ceremonias favoritas de la población, que aun en grupos familiares se reunía frente a aquellos receptores que con solo sonidos, música y palabras les permitían imaginar rostros, escenarios y lugares exóticos que de otro modo no iban a conocer.

Con el correr de los años la travesura quedó atrás y con el incentivo de la publicidad paga desaparecieron las espontáneas transmisiones con cantantes líricos, recitadores gauchescos, pianistas y otras variantes, y de la experiencia de 1920 surgió la pionera de habla hispana Radio Argentina, seguida por Radio Prieto, Radio Cultura, Radio Fénix, Radio Porteña, Radio Municipal, Radio La Voz del Aire, Radio Splendid, Radio Stentor.

Pero también hubo otras como Radio El Abuelito, Radio La Abuelita, Radio Muebles Díaz -que emitía desde la mueblería famosa por su chalet construido en una terraza de Cerrito y Sarmiento-, Radio Cine París, Radio Mayo, Radio La Razón y Radio Centro Espiritista, que luego se llamó Sarmiento.

En 1935 apareció Radio El Mundo, que pronto fue líder y funcionaba en Maipú 555, donde ahora está Radio Nacional, en cuyo suntuoso auditorio los oyentes se agolpaban para ver a sus ídolos en carne y hueso en programas que generalmente no duraban más de 15 o 30 minutos (el formato de una hora fue impuesto luego por la TV).

Allí, locutores e intérpretes actuaban de pie frente a los micrófonos y se vestían de etiqueta, mientras esa y otras emisoras tenían sus propias orquestas típicas y populares estables, además de recibir la visita de artistas y agrupaciones que reunían los nombres de Niní Marshall, Luis Sandrini, Olinda Bozán, Aníbal Troilo, Francisco Canaro, el locutor Julio César Barton, Alberto Castillo, en una larga lista.

Un fenómeno particular fue el del radioteatro: entre otros, el caso muy especial de "Chispazos de tradición", definido como "un churrasco criollo chorreando sangre gaucha", escrito y dirigido por el inmigrante español José Andrés González Pulido, que era denostado por los intelectuales pero lograba detener la ciudad a la hora de su transmisión, al punto de que muchos comerciantes del centro porteño instalaban receptores en sus tiendas para no perder clientes.

Hacia 1933, los elencos se multiplican y buscan su "target": había romanticismo, unitarios y federales, bandidos rurales, nativismo, infantiles, misterio, aventuras en lugares remotos. Las compañías respondían a los nombres de Francisco Mastandrea, Héctor Bates, Manuel Domínguez y Manuel Ferradás Campos, quien en 1937 contrata a una desconocida llamada Eva Duarte para trabajar en "Oro blanco".

Entre los años 40 y 50 competían los emprendimientos populares de Juan Carlos Chiappe ("El gorrión de Buenos Aires", "Lito, el diariero de la esquina", "Nazareno Cruz y el lobo", "Fachenzo el maldito") con los intentos formativos de Armando Discépolo, que vertía su experiencia teatral con el elenco Radio El Mundo y sus versiones de la literatura universal y películas famosas. En el "Teatro Palmolive del Aire", por La Voz del Aire, el galán Oscar Casco calificaba de "mamarrachito mío" a Hilda Bernard.

En paralelo con el peronismo y la cuestión del voto femenino aparecían autoras como Celia Alcántara ("De mujer a mujer") y Nené Cascallar ("Hogar de mujeres", "La chica de al lado", "Nosotras las mujeres").

En la radio hubo de todo: libretos de hierro, publicidades en vivo, humor, fútbol, y desde que apareció la TV se la dio por muerta en numerosas oportunidades; desde las primeras transmisiones cuando nadie sabía que eran en AM, pasó por la FM, la onda corta y llegó a las plataformas digitales. Por el momento nadie puede aducir que no está viva.

Juanjo Stadelmann

Editor y director de GRUPO FULLPromo

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