"Hermano", el libro que revela intimidades familiares y negocios del ex presidente

Política 22 de octubre de 2020 Por Redacción
El hermano del ex presidente dijo que rompe el silencio por tres razones: por su salud mental; para romper el mito que etiqueta a Franco Macri como un empresario mafioso y corrupto; y, en tercer lugar, porque siente que el mismo abuso y maltrato que recibió de Mauricio a nivel familiar, el pueblo argentino lo sufrió a nivel político.
hermano
La portada del libro

Por Santiago O'Donnell / Pagina 12

Domingo de marzo soleado y fresco en el coqueto barrio de La Horqueta, en la unión entre los dos ramales de la Panamericana, a la altura de Beccar y San Isidro. La cita es en el Seven Eleven, un discreto bar-restorán con fachada de ladrillo y galería con mesitas a un costado, detrás de un gran kiosco de revistas, en un centro comercial abierto y arbolado sobre la avenida Blanco Encalada

. A la hora convenida, él ya me está esperando. Me llama con el brazo desde una mesa al aire libre, la más alejada de la vereda. Recuerdo el silencio. Faltan siete horas para que Alberto Fernández anuncie la esperada cuarentena, que entrará en vigor al día siguiente. La Horqueta parece un pueblo fantasma, pero el Seven Eleven de Beccar, milagrosamente, sigue abierto.

Adentro no hay clientes. Afuera, el único es Mariano Macri. Camisa celeste, pantalón kaki, ojos verdes, nariz importante, barba, sienes templadas, boca de jóker: la viva imagen de su papá. Erguido en la silla, hombros abiertos, espalda derecha, saluda afectuoso: “¿Cómo va, querido?”, con su voz grave y nasal. Me recibe con el codo, sin beso en la mejilla. “Se está cuidando. Tiene tres chicos jóvenes”, pienso. Una hora antes me había llamado desde su casa en un country de Pacheco y me dijo que teníamos que hablar. Nos encontramos a mitad de camino.

Desde la última vez que nos vimos hace dos semanas, el mundo se dio vuelta por culpa de la pandemia. La recomendación es no salir de nuestras casas. “Ayer estuve con Mauricio”, me dice, y entiendo. Hace dos meses que nos venimos reuniendo una o dos veces por semana para completar una larga entrevista que daría forma a este libro testimonial sobre su pelea con el expresidente. Y justo dos días antes de la cuarentena, por iniciativa de Mauricio, se reunieron.

Se acerca una moza y le pido un tostado y un café con leche. Él dice: “Ya estoy bien”, le sonríe atento y no pide nada. Parece contento de verme. Prendo el grabador del celular, lo dejo sobre la mesa vacía y le apunto con el micrófono. Él lo endereza apenas y se lo acerca un poco más, como si quisiera asegurarse de que una ráfaga de viento no se lleve lo que está a punto de decir. Empieza a hablar y yo lo interrumpo pidiendo detalles. Retoma y lo vuelvo a interrumpir. Quiero clima, quiero diálogo, quiero horarios, direcciones, quiero todo. Vamos y venimos. Mariano cuenta, yo lo interrumpo, Mariano vuelve a empezar.

Hasta que sucede algo que me deja mudo. Mariano empieza a hablarle a Mauricio. Lentamente, en un ligero crescendo, con la voz firme, con enojo apenas contenido.

Mauricio, ¿vos me estás jodiendo? No te importó la salud del viejo, la angustia que el viejo vivió. ¿Te das cuenta, Mauricio? Tampoco te importó la enfermedad de mi hija. Tuve que acudir a mi primo Ángelo a pedirle plata porque el médico oncólogo del Fundaleu que me traía la droga de afuera me cobraba una fortuna y ustedes me dieron vuelta la cara, me habían cortado el grifo, me habían dejado totalmente seco. No logré siquiera que reaccionaran frente al episodio de cáncer de mi hija y tuve que recurrir a mi primo, que fue el que me ayudó. ¿Te das cuenta? Vos te fuiste en todo este proyecto tuyo de poder cuando para mí el proyecto era velar por el crecimiento de la gente y evitar que la empresa se fagocitara a la familia. Vos y yo somos de dos galaxias distintas.

Parece poseído, enajenado, la mirada fija en el celular como si le habla-ra a un fantasma que no lo deja en paz. Un recitado cadencioso y gutural, haciendo caer palabras como piedras, pausando para que aturdan. Cuando apago el grabador cuarenta minutos después lo veo respirar aliviado, liviano. Entonces entiendo.
Haberle dicho a su hermano en la cara la tarde anterior lo que pensaba de él no le sirvió de mucho. Es como si le hubiese hablado a una sábana. Para conjurar su fantasma, debe repetirlo delante de un periodista, palabra por palabra, y hacer que todo el mundo se entere. No importa que ese mundo, ese día, se esté cayendo a pedazos.

Este libro cuenta, a partir de un relato autobiográfico de Mariano Macri, cómo se fue generando un abismo entre él y Mauricio por profundas diferencias de visiones, principios y posturas éticas. Después de décadas de compartir, o más bien de competir, con Mauricio por la herencia y el legado de su padre, Mariano, el quinto hijo de Franco, habla por primera vez y revela el lado oscuro de su hermano mayor, con un nivel de precisión y detalle que ni los peores enemigos del expresidente llegaron a imaginar.

Entre otras historias jamás contadas, Mariano habla del millonario préstamo de un banco brasileño que jaquea al grupo Macri, y el fallido plan para evitar pagarlo a través de una venta simulada de la empresa insigne del grupo, Sideco, a un banco austríaco que, a su vez, escondería el dinero en fundaciones creadas con ese propósito en el paraíso fiscal de Luxemburgo. También, con el mismo propósito de esconder sus activos, cuenta Mariano, el holding familiar Socma se habría ido vaciando en los últimos años mediante un esquema de autopréstamos a empresas del grupo. Además, para sortear la apariencia de conflictos de interés, desde que Mauricio ingresó en la función pública el grupo fue tercerizando algunos de sus negocios en testaferros y socios ocultos, por ejemplo, en el caso de los Parques Eólicos y Autopistas del Sol o McAir-Avianca, maniobras sobre las que Mariano aporta información que confirmaría lo revelado por el periodismo y avanza más allá de lo conocido hasta ahora.

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