El día que el mundo futbolero lloró

Fútbol 25 de noviembre de 2020 Por Jorge Duzevich
Para muchos de nosotros hablar de Maradona es hablar de los recuerdos más felices de nuestras vidas, a los que andamos cerca de los 50 nos lleva a tener nuestros viejos vivos viniéndonos a despertar con el mate para ver los partidos de madrugada en el mundial juvenil de Japón 1979, ese que de la mano del flaco Menotti nuestro país ganó de forma brillante, nos traslada a ese diego que empezó a hacer magia desde los cebollitas de Argentinos Juniors hasta hacerle 4 goles a Gatti cuando el loco en la previa había dicho que ese gordito, no me puede meter ni un gol.
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A los que quisimos al Diego desde siempre nos dolió cuando no fue convocado para el mundial 1978 quedando fuera de la lista a último momento con Humberto Rafael Bravo, de Talleres y Víctor Bottaniz de Unión, insultamos a Andoni Goycoechea el jugador del Atlético Bilbao que lo quebró cuando jugaba en el Barcelona, de la misma forma que lo hicimos con Edgardo Codesal el árbitro del penal inventado en la final de Italia 90 y a la maldita enfermera que lo sacó de Estados Unidos 1994.

Fue capaz de dejar en el suelo a uno de los mejores arqueros de la historia como Ubaldo Matildo Fillol en un clásico de 1981, de llevar a nuestra selección al momento más glorioso en México 1986 y de hacerle dos goles a los piratas ingleses para la historia, de conducir al sur pobre de Italia a logros deportivos de enorme trascendencia  dejando por el suelo al norte de la Italia rica de la mano del Napoli, de volver cuando lo necesitábamos y llevarnos a Estados Unidos Unidos 1994 cuando la clasificación estaba en peligro después del papelón contra Colombia y de hacernos conocer en el mundo donde solo nombrar que eras del país de Maradona te abría las puertas más insospechadas.

La élite deportiva del mundo lo despidió con sumo cariño, defensor de los oprimidos, de los humildes, jamás olvidó sus orígenes, puso la bandera del futbolista por encima de todo, se enfrentó a la dirigencia de FIFA cuando tuvo que hacerlo poniéndole el pecho a las balas y eso le costó muy caro.

A muerto un Dios pecador, el más humano de los dioses, el que la hinchada brasileña le tiraba naranjazos en Italia 90 y el haciendo jueguitos con el hombro con esas mismas naranjas terminó transformado la hostilidad en un aplauso general de todo la hinchada verdeamarelha, el que con el tobillo inflamado como una pelota de fútbol  gambeteó 5 brasileños y dejó solo al cani para aquél gol memorable, el que eliminó a Italia que hizo su mundial para ganarlo convirtiéndole ese penal que jamás le perdonaron, aunque la hinchada del Nápoli lejos estuvo de tener el fervor que su país necesitaba porque no se animó a ir contra alguien que les había dado tanto.

Se fue el Diego a los 60 años, las lágrimas mojan el papel de esta redacción, ¡simplemente, gracias!

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