El robo del asador, una herida que lastima sentimientos encontrados
La sustracción de esa herramienta con más de una década de historia, en la zona de la laguna La Angélica, entre Alejo Ledesma y Benjamín Gould, provocó una reacción colectiva haciendo visible el ensañamiento pero también la comunidad resaltó ese lugarcito en el mundo.
Hay objetos cuyo valor no se mide en pesos, ni en el peso del hierro del que están construidos. Su verdadero precio reside en las historias que albergan, en los abrazos reunidos a su alrededor y en las causas nobles que supieron alimentar. Eso era —y sigue siendo— el primer asador del que nos describe Juan José Gómez, "Jota" para los amigos ante la consulta de PODERCiudadano. Él y su equipo de trabajo solidario en innumerables causas son un pedazo de historia viva del trabajo solidario en nuestra zona.
El asador sustraido estaba ubicado sobre el camino rural adyacente a las vías, entre Benjamín Gould y Alejo Ledesma. Lucía ese asador porque estaba pegado a la laguna La Angélica. Justamente en ese sitio, Jota y muchos amigos transformaron en el tiempo en un espacio de encuentro, pausa y espiritualidad. Allí no solo se celebraba cada 1º de agosto el día de la Pachamama junto a vecinos de la zona e incluso visitantes de Río Cuarto, sino que también funcionaba como un refugio de descanso para ciclistas, familias y amantes de la naturaleza que se detenían a disfrutar del entorno natural.
Allí, a modo de hito e icono cultural, habían ubicado ese primer asador "jubilado", dejando sus puertas abiertas para que cualquiera pudiera usarlo y compartir un momento al paso por el camino.
Sin embargo, la sin razón volvió a hacer mella. Una serie de actos vandálicos recientes dañaron la frentera dedicada a la Pachamama y como si no alcanza con el daño que atacaron a la fauna del lugar —causando la muerte de cisnes— y culminaron con el arrebato de este asador emblemático.
Una herramienta con historia y corazón
"Por ahí pasan estas cosas", reflexiona Jota Gómez, con una mezcla de serenidad y dolor. "Es una pérdida más emocional que económica. Ese asador fue la herramienta con la que arrancamos hace más de diez años y la que nos permitió concretar innumerables eventos solidarios, viajar a distintos lugares para dar una mano y colaborar siempre con las instituciones del pueblo que lo necesitaran".
A pesar del trago amargo y de que la publicación en redes sociales nació a pedido de los propios vecinos golpeados por la noticia, el mensaje central trasciende el agravio. No se trata de un parte policial, sino de un llamado de atención sobre la necesidad de cuidar lnuestros lugares que nos construyen como comunidad.
Frente al daño, la respuesta de la gente fue inmediata: muestras de apoyo, historias compartidas y un tejido de solidaridad que emergió para contrarrestar la amargura del episodio. "A partir de esta pérdida encontramos muchísima solidaridad y un montón de buenas historias. Esto no nos va a opacar las ganas que siempre tenemos de seguir para adelante y de seguir construyendo", afirmó el Jota esta mañana.
El sueño intacto: un área protegida para todos
El reclamo que surge tras este hecho no pide venganza, sino conciencia. El deseo profundo de quienes habitan y cuidan La Angélica, ese humedal que bien podía convertirse por queé no, en un espacio protegido y común para la región, que se preserve la fauna, la flora y el patrimonio social que une a Benjamín Gould y Alejo Ledesma.
El asador —ese "fierro" lleno de alma— quizás aparezca. Mientras tanto, la verdadera llama que encendió durante más de una década permanece intacta en la memoria comunitaria y en el compromiso de no bajar los brazos.