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El Presupuesto 2027 seguirá con la promesa del torniquete eterno

Había una vez una idea que decía que el sacrificio duraba un rato, se pasaba el mal trago y después venía la recomposición. Pero los números oficiales de la "ley de leyes" para 2027 vinieron a desarmar la ilusión. Un informe del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP), pone la lupa en los números que siguen preocupando a los argentinos que la pasan mal.

Por Nuestra Redacción · 18 sept 2026, 5:47 p. m.

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El proyecto de Presupuesto que el Gobierno envió al Congreso confirma una señal clara: la tijera no se guarda, el torniquete se ajusta más y la austeridad llegó para quedarse como estilo de vida permanente.

Para entender lo que se vive en las calles, en las aulas y en los hospitales, alcanza con mirar cómo llegamos hasta acá y qué se proyecta para un año crucial donde la política volverá a medirse en las urnas

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De 2023 a 2027: la radiografía de un hachazo

Si comparamos la foto del último presupuesto ejecutado en 2023 con lo que el Gobierno proyecta para 2027, la caída real del gasto público ronda el 26,7%. Traducido a criollo: de cada 10 pesos que el Estado ponía a circular en la economía para obras, escuelas, salud o ciencia, hoy apenas quedan poco más de 7.

El área de Educación y Cultura se transformó en una de las zonas de mayor impacto dentro del ajuste acumula

Qué propone el proyecto 2027 para cada política, contra el devengado 2023.png

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El hachazo en las escuelas y aulas: La función educativa cayó alrededor de un 44% real frente a 2023. Esto se siente en programas abandonados o congelados: el Fondo de Compensación Salarial Docente se redujo un 99,4% en términos reales, las Becas Progresar cayeron más del 77% y planes informáticos como Conectar Igualdad quedaron prácticamente en cero.

El ahogo a las universidades: Las casas de altos estudios operan con una tijera del 25% real respecto a 2023. Aunque para 2027 la planilla muestre un pequeño "rebote" técnico del 2,9% si se la compara con el golpeado crédito de 2026, la partida fija para funcionamiento ($7,35 billones) queda lejísimos de los $11 billones que el Consejo Interuniversitario Nacional estimó necesarios para pagar sueldos y prender las luces.

El freno a la ciencia y la obra pública: El ajuste en Ciencia y Tecnología registra un desplome cercano al 38% real contra 2023 (con bajas severas en el CONICET y la Agencia I+D+i), mientras que los fondos para vivienda, urbanismo e infraestructura cayeron entre un 72% y un 98%, borrando casi por completo la obra pública nacional.

¿Recomposición o espejismo?

Cuando se mira la letra chica de la propuesta contra el gasto del año en curso, el oficialismo intenta mostrar que "lo peor ya pasó" apoyándose en algunas subas puntuales: Salud sube un 29,5% respecto al piso de 2026 y las partidas de Seguridad Social se mueven un 15,2%.

Sin embargo, los analistas económicos coinciden en un diagnóstico: no se trata de un crecimiento real de la inversión pública, sino de un rebote desde el fondo del mar. Después de haber tocado pisos históricos de financiamiento, recuperar un par de escalones no alcanza para cubrir el bache acumulado tras cuatro años de desinversión.

Para amortiguar los sectores más vulnerables dentro de este esquema, el Gobierno concentró el gasto social directo en transferencias como la Asignación Universal por Hijo (AUH), que muestra una suba real proyectada cercana al 82,5% respecto a 2023, buscando contener la indigencia sin reabrir los grifos del resto del Estado.

La paradoja del año electoral

Historicamente, los años de elecciones nacionales (donde se renuevan bancas parlamentarias y se define el poder político) solían ser sinónimo de "billetera abierta": inauguración de obras, aumentos salariales por encima de la inflación y alivio para el bolsillo.

Sin embargo, el Presupuesto 2027 rompe esa regla no escrita. Con el dogma del déficit cero como única bandera innegociable, Milei redobla la apuesta: el ajuste no se suspende por elecciones.

El Gobierno proyecta para el año entrante un escenario optimista con una inflación en torno al 21,1%, un dólar oficial de $1.728 y un crecimiento del PBI del 4%. Pero si esas metas fallan —como ya ocurrió con las previsiones del año previo—, la cláusula de ajuste automático vuelve a ser la misma: recortar las partidas que no están atadas por ley.

La crónica de la economía argentina en el tramo final de la gestión entra así en su fase más delicada. El Gobierno le pide a la sociedad que ratifique en las urnas un modelo donde la austeridad ya no se presenta como una medicina de emergencia, sino como la norma permanente de un Estado reducido a su mínima expresión.

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